En defensa de la mercadotecnia
- José Pablo Acosta

- 9 jun 2025
- 4 Min. de lectura
Hace unos días, por casualidades de la vida, terminé platicando con una amiga sobre nuestras carreras. Ella estudia Letras Inglesas y yo, mercadotecnia. En cierto punto de la conversación, le confesé que —aunque no siempre se diga en voz alta— hay muchos prejuicios ligados a mi carrera. Su reacción me confirmó algo que ya intuía: para muchas personas, la mercadotecnia sigue siendo un concepto vago, malentendido o incluso desprestigiado.
Después de esa charla, me quedé pensando en lo fácil que es juzgar lo que no se conoce. Así que decidí hacer lo mismo que hice con ella: explicar, desde mi propia experiencia, qué significa realmente dedicarse a esta disciplina. Tal vez, con suerte, logre también cambiar tu perspectiva.
¿Mercadotecnia? ¿Eso con qué se come?
Es común confundirla con la publicidad o con la comunicación, que aunque son disciplinas hermanas, no son lo mismo. La mercadotecnia, en términos generales, es una serie de acciones de investigación, análisis, planificación, comunicación y ejecución que buscan generar un intercambio de valor entre una organización y su público.
Dicho de forma más simple: el marketing intenta que tanto la empresa como el consumidor salgan ganando. Es un puente. Una conexión entre lo que alguien necesita o desea y aquello que puede satisfacerlo. Lejos de ser solo “vender por vender”, la mercadotecnia bien hecha implica empatía, estrategia y una profunda comprensión del entorno social, económico y cultural.

No, no todo son anuncios bonitos y redes sociales
Ahora, antes de seguir hablando de las bondades de mi carrera, creo que es importante hablar sobre lo que no es la mercadotecnia. Para esta sección, me gustaría compartir algunos de los prejuicios que más he escuchado y que, al investigar un poco más, descubrí que son bastante comunes:
La mercadotecnia manipula a las personas
Uno de los prejuicios más frecuentes es que la mercadotecnia se dedica a manipular, empujando a las personas a comprar cosas que no necesitan mediante tácticas engañosas. Esta percepción, alimentada por ejemplos históricos y por la cultura pop, no refleja la realidad del marketing moderno.
Hoy, la mercadotecnia bien aplicada se basa en la empatía, la investigación y la creación de valor mutuo. No busca engañar, sino entender qué necesitan o desean las personas y conectar esas necesidades con soluciones reales.
En un entorno donde la transparencia y la autenticidad son exigencias del consumidor, la manipulación no solo es poco ética, también es insostenible. Por eso, más que empujar decisiones, el marketing actual invita, informa y construye relaciones duraderas. Depende de nosotros como profesionales elegir si lo usamos para vender humo o para generar impacto genuino.

La mercadotecnia solo funciona para empresas grandes
Aunque sus orígenes están ligados a la era de los grandes industriales del siglo XX, esta disciplina ha evolucionado enormemente. Uno de los errores más comunes es pensar que el marketing se limita a campañas externas o esfuerzos publicitarios visibles, cuando en realidad también opera dentro de las organizaciones.
El marketing interno, por ejemplo, aplica sus principios para fortalecer la cultura organizacional, motivar a los colaboradores y tratarlos como lo que son: clientes internos clave para el éxito de cualquier empresa.
Hoy existen herramientas accesibles y estrategias adaptables que permiten aplicar acciones mercadológicas en prácticamente cualquier contexto, sin importar el tamaño de la empresa. La mercadotecnia no es exclusiva de las grandes corporaciones; es una herramienta valiosa para cualquier proyecto que quiera generar valor y conectar con las personas de forma significativa.
La mercadotecnia es una carrera fácil
Al comenzar la carrera, muchas personas asumen que la mercadotecnia es sencilla —como si alguna carrera lo fuera realmente—. Pero esa percepción se desvanece pronto: algunos la abandonan antes del tercer semestre, mientras que otros, como en mi caso, terminan profundamente enamorados de la disciplina.
Lo cierto es que la mercadotecnia exige una formación compleja y multifacética. Abarca conocimientos de economía, psicología, sociología, semiótica, administración, comunicación visual y más. Es tan rica y diversa que la mayoría de quienes la estudiamos acabamos especializándonos en áreas muy específicas.
Sin embargo, el perfil del mercadólogo también demanda versatilidad: debemos estar listos para movernos desde la investigación de mercado hasta la ejecución creativa en redes sociales. No, la mercadotecnia no es una carrera fácil. Pero sí es una de las más emocionantes, retadoras y completas que existen.
¿Qué concluimos de todo esto?
La mercadotecnia no es una fórmula mágica ni una serie de trucos para vender. Es una disciplina compleja, humana y profundamente estratégica, que busca entender a las personas, conectar con ellas y construir relaciones valiosas en un mundo cada vez más saturado de estímulos.
Estudiar esta carrera te permite ver el mundo con otros ojos, abrir tu perspectiva, cuestionarte hábitos y, sobre todo, comunicar con propósito y empatía. Sé que los prejuicios hacia mi carrera seguirán existiendo, pero si este texto logra cambiar —aunque sea un poco— la manera en que alguien ve la mercadotecnia, entonces ya valió la pena escribirlo.
Al final, eso también es marketing: lograr que una buena idea llegue al lugar correcto, en el momento indicado.





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