La otra cara de la IA: el impacto ambiental de nuestras decisiones digitales
- Ameyalli Acuña

- 16 abr 2025
- 3 Min. de lectura
Escrito en colaboración con la IA.
Hace unos meses, las redes sociales se llenaron de ilustraciones creadas con inteligencia artificial al estilo Studio Ghibli. Desde mascotas convertidas en personajes animados hasta ciudades transformadas en paisajes de fantasía, este fenómeno digital captó la atención de miles de usuarios… y también encendió una conversación necesaria: el impacto ambiental de la IA.
Y aunque estas imágenes se llevaron los reflectores, no son la única actividad digital que deja huella. En realidad, cada vez que usamos servicios de marketing digital que incluyen inteligencia artificial, también estamos generando un impacto ambiental que vale la pena considerar.

La inteligencia artificial no vive en el aire: opera a través de enormes centros de datos que procesan millones de instrucciones por segundo. Estos servidores generan grandes cantidades de calor, por lo que necesitan sistemas de enfriamiento constante. En muchos casos, ese enfriamiento se hace usando agua.
De acuerdo con un estudio de la Universidad de California en Riverside y la Universidad de Texas en Arlington, entrenar un modelo como GPT-3 (uno de los más usados en estrategia de comunicación digital) requirió alrededor de 700,000 litros de agua.
Para ponerlo en perspectiva, esa cantidad equivale a:
Llenar una piscina olímpica pequeña.
El consumo de agua de una persona durante más de dos años y medio.
O lavar 18,000 tandas de ropa en casa.
Además, cada interacción con herramientas de IA (como redactores automáticos, generadores de imágenes o chatbots inteligentes) también suma. Por ejemplo, una sola conversación extensa puede consumir hasta medio litro de agua.
La inteligencia artificial no es el problema, pero su uso responsable es parte de la solución.
Hoy en día, muchas agencias de comunicación y profesionales utilizan IA como parte esencial de su estrategia digital. Y eso tiene múltiples beneficios:
Ahorra tiempo y recursos.
Facilita la creación de contenido optimizado.
Mejora los resultados en el negocio a través de automatización inteligente.
Democratiza la creatividad, incluso para empresas pequeñas o marcas personales.
Sin embargo, así como hablamos de los beneficios del big data, también es importante considerar su impacto ambiental y cómo podemos reducirlo sin dejar de aprovechar su potencial.






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