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Treatonomics: ¿por qué el lujo accesible domina el consumo?

Escrito en colaboración con la IA.



Seamos honestos, el mundo está caro, agotador y a veces simplemente necesitas algo que te haga sentir bien. No un viaje a Europa, no un bolso de diseñador. Solo... ese café que cuesta el doble pero que sientes que te lo mereces. O ese sérum que viste en TikTok y que finalmente compraste porque "es una inversión en tu piel".


Eso, en términos de marketing, tiene nombre: Treatonomics.

Y no, no es una excusa para gastar de más. Es una tendencia real que está redefiniendo cómo consumimos, y que las marcas mexicanas deberían tomar muy en serio.


¿Qué es Treatonomics y por qué nos está pasando a todos?

El término viene de treat, que en inglés significa premio o capricho. Y la idea es simple: cuando la economía aprieta, cuando el estrés se acumula y cuando los grandes sueños se sienten lejanos, las personas no dejan de consumir. Solo cambian cómo consumen.


En lugar del viaje, eligen una noche de spa en casa. En lugar del outfit completo de temporada, compran esa sola pieza que las hace sentir bien. En lugar del restaurante caro, piden el postre artesanal que vieron en Instagram.


¿Por qué está creciendo tanto? Por tres razones que, si lo piensas, tienen todo el sentido:

  • Porque comprar se convirtió en autocuidado. Las compras ya no son solo transacciones, son pequeñas recompensas emocionales en días que a veces se sienten imposibles.

  • Porque el lujo bajó la barda. Las marcas entendieron que podían acercar lo aspiracional sin necesariamente abaratar su imagen. Y eso abrió un mercado enorme.

  • Porque las nuevas generaciones redefinieron el valor. Para millennials y Gen Z, vale más una experiencia memorable que un objeto caro que nadie nota. La percepción lo es todo.


Consumo como forma de autocuidado en la tendencia Treatonomics.

El lujo accesible: cuando las marcas se vuelven inteligentes


El lujo ya no vive solo en las vitrinas de Polanco. Hoy existe en la textura de un empaque bien diseñado, en el aroma de una vela de $180 pesos, en la experiencia de tomarte un matcha latte en un café que parece sacado de Seúl.


Las marcas que están ganando terreno lo están haciendo así:


Lanzando líneas de entrada que permiten "probar" la marca sin el precio intimidante. Creando ediciones limitadas que generan ese cosquilleo de exclusividad sin vaciar la cartera. Elevando los puntos de contacto cotidianos: que ir a su tienda, abrir su caja o usar su app se sienta especial.


Ejemplos que ya lo están haciendo bien


Marketing emocional en belleza donde la experiencia supera al producto.

En belleza, Rare Beauty y Glossier no se venden solo como maquillaje. Se venden como filosofía, como comunidad, como un "tú mereces sentirte bien". El producto es casi secundario frente a la experiencia emocional.

En México, marcas como Pai Pai están haciendo algo similar: diseño cuidado, identidad cultural fuerte, y una promesa aspiracional que no requiere un precio prohibitivo para sentirse premium.


Lujo accesible basado en diseño e identidad cultural en marcas mexicanas.
Estrategias de moda que combinan lujo y accesibilidad en el consumo actual.

En moda, las colaboraciones entre lujo y fast fashion siguen siendo un fenómeno porque resuelven exactamente esta tensión: quiero algo especial, pero no puedo gastar fortunas. Marcas mexicanas como Vero Díaz tienen todo el potencial de explorar ese territorio sin traicionar su esencia.



En experiencias, piensa en Rosetta Café. Nadie paga lo que cuesta un café ahí solo por la cafeína. Lo pagan por entrar a esa casona de la Colonia Roma, la vajilla cuidada, el pan que huele desde la calle y la sensación de que ese momento es tuyo. No es el café más caro del mundo, pero se siente especial. Esa combinación de espacio, detalle y atmósfera convierte una pausa cotidiana en una experiencia aspiracional. Eso es Treatonomics.


Experiencias aspiracionales cotidianas en la tendencia Treatonomics.

¿Y las marcas mexicanas? Aquí está su oportunidad


Tenemos algo que muy pocas marcas globales pueden comprar: cultura propia, storytelling auténtico y una conexión emocional con el consumidor que viene de entender su contexto de verdad.


Algunas ideas concretas para aprovechar esta tendencia:

Crear micro-lujos accesibles: kits, versiones mini, experiencias de entrada que inviten sin intimidar. Apostar por el diseño y el empaque como parte del producto, no como accesorio. Un producto que se ve bonito ya genera valor antes de abrirse. Construir comunidad y pertenencia, especialmente con Gen Z, que compra marcas con las que se identifica, no solo productos que necesita. Combinar lo físico y lo digital para elevar lo cotidiano: un unboxing que emocione, un pop-up que se sienta único, una experiencia online que no parezca otro formulario más.


Treatonomics no es una moda pasajera ni una excusa para el consumismo. Es una respuesta humana, real y comprensible a un mundo que a veces se siente demasiado pesado.


Y para las marcas mexicanas, es una invitación: no necesitas ser el lujo más caro del mercado. Necesitas ser el lujo que la gente siente que se merece. Ese pequeño momento de placer, de orgullo, de "esto lo elegí para mí".


Eso, bien ejecutado, vale muchísimo más que cualquier precio en la etiqueta.


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